You are a pain in the ass

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You are a pain in the ass

Mensaje por Spitfire el Miér Ago 07, 2013 4:22 pm

Hey, pssst. ¡HEY! Sí, tú, la del cabello multicolor. Acércate —Spitfire enarcó una ceja ante la actitud inusual de un vendedor ambulante que se aparcaba en la esquina de aquella calle—. Tengo muchas cosas interesantes, ¿por qué no echas un vistazo? —la fémina se encogió de hombros. Tal vez si podría encontrar algo que valiera la pena, más que todo porque su instinto de coleccionar baratijas sumamente extrañas de aeon siempre le susurraba al oído y controlaba su cerebro.

Spitfire se acercó al puesto apestoso del hombre, quien también se alejaba completamente del espectro de perfume. Su olor desagradable tampoco logró que la chica retrocediera: estaba ahí por las curiosidades que se dejaban admirar sobre la mesa del negocio. Clavó los afilados ojos marinos sobre cada objeto, consiguiendo una cabeza reducida de elefante, colmillos de los monstruos de Daikaiju, escamas de las mujeres serpientes del desierto Badsarth, ojos embotellados con un líquido extraño que hacía ver a los órganos más espeluznantes que de costumbre —pero incapaces de asustar a la mechanic—. Un sinfín de gran variedad apestosa y, sin remedio alguno tenía que admitir, bastante llamativa. No obstante, cada una de esas piezas bizarras no inspiraban algo en ella: eran tan comunes que las podía encontrar a la vuelta de la esquina.

Todo esto es basura —fue bastante directa, observando con ojos ausentes al hombre. Él se quedó boquiabierto porque insultó su venta, no obstante, eso no importaba. Alguien más le daría su lección a Spitfire.

Repentinamente fue rodeada por una banda de ocho jugadores, incluyendo al vendedor —quien chasqueó los dedos e hizo que las baratijas fuesen absorbidas por una especie de aparato proyector—. Spitfire apenas viró el rostro hacia atrás, dedicándoles un vistazo a los bastardos que le rodeaban a un metro de distancia. Las sonrisas socarronas de esos imbéciles eran dignas de ser borradas a puntapiés y puñetazos carentes de misericordia —No te pongas dura. Danos todo tu equipo y no pasará a mayores —emitió el vendedor.

Sí, claro, cabrones —la mechanic abrazó el puño diestro con la mano izquierda a la altura de su torso, tras apretar este un poco logró que los dedos tornaran suavemente. No iba a darles el lujo de que se llevaran todo su equipo porque a ellos les picaba las bolas. Haría que sus caras no se distinguieran de sus traseros. Con ese reto, enervó a todos los pandilleros, dando inicio a la batalla... Una que era totalmente injusta desde cualquier punto que se viera, pero que a Spitfire no iba a detenerle.

Un hombre de la izquierda lanzó un derechazo rápido, posiblemente bastante potente, que la fémina esquivo al agacharse. En cuclillas, apoyó una mano en el suelo y, deslizando de manera recta su pierna derecha, le propinó un puntapié a la rodilla del primero que se atrevió a retarle. Él cayó hacia atrás, duro contra el suelo, mientras Spitfire se levantaba rápidamente para lanzar un derechazo al siguiente; mas, uno de ellos fue más rápido. Una buena patada en el estómago logró que ella cayese de rodillas en el suelo, escupiendo un poco de sangre y rodeando su propio abdomen con ambas manos.
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Re: You are a pain in the ass

Mensaje por Invitado el Miér Ago 07, 2013 4:56 pm

Alder era sinónimo a precaución, mucha precaución. Pero la previsión de misiones y recompensas interesantes superaban con creces cualquier peligro de negocio ilegal. Los asalta-equipos eran de sobra conocidos, por suerte -o por mala suerte, depende como se mirase- Powder apenas tenía nada de valor como para llamar demasiado la atención de aquellos traficantes de poca monta. Aun así, caminaba con sigilo, tratando de esconderse entre las sombras, cosa que no siempre conseguía por su apariencia tan poco apropiada para quellos lugares. Debería conseguir algún otro tipo de vestimenta. Créditos, créditos y más créditos. Eso era lo que necesitaba, y por eso estaba allí, un par de misioncitas y con un poco de suerte conseguiría lo que necesitaba.

El conocido sonido de una batalla entre usuarios llegó a sus oídos. Powder se volteó apoyándose en los talones para localizar a los usuarios en cuestión que rodeaban a otra player. Enseguida recogió la data. Mechanic, nivel 1. En otra ocasión, Powder - o más bien Cobalt - se hubiera ido discretamente, pero ver a aquella chica en aquella situación le hizo replantearse las cosas por momentos. Estando en su lugar, le gustaría que le echaran una mano así que Powder no dudo, en está ocasión, en meterse en todo el meollo. Total, no tenía realmente nada de gran valor que le importara perder. La chica cayó de rodillas, sujetándose el abdmonen, ese momento justo en el que los traficantes se distrajeron pensando que la mechanic ya era suya, fue cuando Powder actuó.

Se valió del factor sorpresa, pegando un golpe en la nuca y una patada en la entrepierna a un player masculino que tenía a su lado, protegiéndose con su firewall se acercó a la chica, tendiéndole la mano. -¿Todo bien?-sí vale, claro que era obvio, que todo no iba bien, escupía sangre. Powder se maldijo a sí misma, debería haberse fijado más en la player a la que intentaba ayudar más que curiosear stats ajenos. Se colocó delante de ella, dándole tiempo a recuperarse, todavía tenía el firewall activo, pero dependiendo de las armas de las que hicieran uso sus oponentes resistirían o no, a fin de cuentas, tan sólo era un escudo de nivel 1.

La peliblanca no tardó en hacer un mapa esquematizado de todas sus posibilidades, si se movía en el suelo podría encontrar trastos con los que seguramente podría montar alguna clase de chisme por muy rudimentario que esa, pues los traficantes no parecían haber utilizado grandes skills a la hora de asaltar a la mechanic desconocida que ahora trataba de proteger. Se despistó con el movimiento de un tercero, haciendo que una parte de su cuerpo quedara al descubierto, lo que hizo que recibiera un golpe directo contra sus costillas. No se lo esperaba, más que el dolor fue el susto y por las simples leyes de Newton de fuerzas, Powder se tambaló y tuvo que encogerse por el dolor. Odiaba el dolor.
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Mensaje por Spitfire el Jue Ago 08, 2013 7:36 pm

Nunca confío en dicha ciudad. Aunque, su lema era confiar en nadie, en realidad.

El dolor latiente en su estómago le hirvió los órganos adyacentes. Eso despertó la ira de Spitfire, una que solo se evocaba cuando llegaba a un punto extremo, y por razón lógica, eso preciso era por culpa del potente ataque y el molesto encuentro. Estaba a punto de hacer gala de su conocimiento de Capoeira, cuando una chica de cabellos azulados apareció abruptamente. Unos cuantos ataques de su parte hizo que un player hostil del grupo enemigo cayera de lleno al suelo por la intensidad del dolor, algo comparable al mundo real.

Observó el rostro angelical de la chica por unos segundos, como si nada malo sucediera. Sus propios ojos brillantes y marinos carecían del interés y, mucho menos, de la curiosidad ante la preocupación ajena. Realmente no entendía mucho eso de por qué la gente se preocupaba naturalmente por otros, como algo innato. Si bien ayudaba a su hermano cada que le placía, contaba con él y éste a su vez con ella; era una especie de código entre ellos, respetándose mutuamente el hecho de que si querían colaborar entre ambos o no. Entonces, sonrió ampliamente, mostrando la hilera de dientes blancos. Una sonrisa como tal podría ser simple, sin mucho significado y ser interpretada como normal; mas, como Spitfire sonrió, hizo que ese gesto parecía algo cínico y confiado —¿Qué clase de pregunta es esa, niña? —inquirió sin el menor cuidado de su tono de voz, uno bastante destemplado. Según su orgullo, sí, se encontraba bien.

Suavemente apartó la mano de la mujer, quien ahora se dedicaba a protegerle. No necesitaba su ayuda, para nada. Para ella, deberle algo a alguien se presentaba como un problema a su propia ética.  Solo quería que se marchara y así terminar la batalla contra esa pandilla de bastardos, porque ella era la clase de personas que podía llegar a vengarse.

De un instante a otro la chica de cabellos azulinos fue atacada. Maldita sea, ahora herían a alguien por su culpa, y para más colmo desconocido. A esa clase de personas, las que no conocía, siempre tendía a devolverles el favor por mero código de honor. Así que era su turno de ayudarle.

El mismo que golpeó a la desconocida, se disponía a hacerlo otra vez; sin embargo, fue neutralizado ante una doble patada hilada, por parte de Spitfire, que lo terminó noqueando —Alza la barbilla, chiquilla. Realmente no debiste meterte en una pelea callejera —mirándola de medio lado, se interpuso entre la desconocida y los seis individuos restantes que estaban al frente de ambas, pues dos ya habían sido noqueados (uno sufrió un trágico y doloroso ataque en la entrepierna, que igual al reciente atacado, se desmayó del dolor). Lentamente comenzó a realizar el movimiento fundamental de la Capoiera, la ginga*. Era un balanceo que le permitía acceder fácilmente a la gran gama de movimientos de ese arte interpretativo, el cual ella utilizaba para la defensa y ataque.

Un pandillero, el que estaba al extremo izquierdo, utilizó su pronunciada velocidad para intentar burlar a Spitfire y así atacar a la chica. Las razones de porqué hacia esto eran bastante estúpidas, si se le evaluaban bien. Sin embargo, supuso que se trataba de una estrategia para absorber la atención de la pelinegra, esperando que ella protegiera, sin dudarlo, a su aliada y así ser atacada por el resto de los buscapleitos. Pero les salió mal el plan. Al estar cerca de la chica, a Spitfire se le facilitaba ayudarle. Puso la mano zurda en el suelo, apoyándose con esta, para así levantar el cuerpo de manera lateral y, estirando la mano diestra en dirección a la chica, accionó, gracias a su tecnopatía, la función especial de los nanorobots que recorrían su cuerpo. Así fue como transmutó el brazo derecho en un escudo metalizado resistente que abarcaba la entidad de la chica de cabellos azules, defendiéndola de la ofensiva injusta ajena. El hombre veloz se tambaleó al golpear de seco ese escudo, mismo que desapareció rápidamente, a medida que Spitfire —aún en la posición anterior— levantaba la pierna derecha y le zampaba una buena patada en la quijada a uno de los chicos que quiso pasarse de listo al acercase, pensando que el plan iba a funcionar.

¡Se acabó! —por mala suerte, el mismo vendedor extrajo una pistola láser y con esta apuntó a Spitfire, disparándole. ¿Acertaría el ataque? ¿O ambas tendrían un as debajo de la manga?

▪ ▪ ▪
*Ginga: para más información, es fácil buscarla en wikipedia.
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